LA RESTAURACIÓN MONÁRQUICA

luego de la caída de napoleón en 1814, las potencias europeas se reunieron en Viena con un doble objetivo rehacer el equilibrio político del continente y restauración el antiguo Régimen.

El Congreso de Viena

En el Congreso de Viena, las figuras dominantes fueron el zar Alejandro I de Rusia, el canciller austriaco Klemens von Metternich y el ministro francés Charles Maurice de Talleyrand.

El congreso se guió por dos grandes principios:

* El principio de legitimidad, que se manifestó en la reposición en sus tronos de todos los monarcas depuestos por la Revolución francesa y por Napoleón.

* El principio de equilibrio, que se concretó en un reparto proporcional de territorios entre las potencias vencedoras.

El resultado fue un nuevo mapa político de Europa, con el que se pretendía asegurar la paz y la estabilidad .Francia fue tratada con mucha generosidad, pues solo retrocedió a sus fronteras de 1789, donde se crearon pequeños Estados para frenar otra posible expansión francesa. Gran Bretaña, que mantenía su poderío naval, consolidó su posición como gran potencia. En Alemania se formó la Confederación Germánica, que reunió a 39 Estados, además de Rusia, recibieron nuevos territorios.

El regreso del Absolutismo

La restauración significó un triunfo de la reacción contrarrevolucionaria. Los monarcas repuestos en sus tronos abolieron las constituciones reformistas y volvieron a implantar el absolutismo político. A lo sumo, algunos monarcas- como Luis XVIII en Francia- promulgaron Cartas otorgadas, que reconocían algunos derechos individuales y establecían cámaras representativas, pero como una concesión del rey y no como reconocimiento de un derecho de la ciudadanía.

Por otro lado, las grandes potencias absolutistas - Rusia, Austria y Prusia- firmaron en 1815 el tratado de la Santa Alianza, al cual se unieron posteriormente Francia y España. El acuerdo proponía intervenir militarmente en aquellos países que sufrieran revoluciones que amenazaran el absolutismo.

Sin embargo, las fisuras en el orden restaurado no tardaron en manifestarse. Ante la aparición de movimientos liberales en Italia y España en 1820 , Metternich propuso el establecimiento del principio de intervención, que daba el derecho a las grandes potencias de enviar tropas a un país con la finalidad de restablecer a los monarcas legítimos en sus tronos. Así en 1823 con el fin de derivar al gobierno liberal que se había establecido en España, un ejército de cien mil soldados, mayormente franceses, invadió el país y repuso a Fernando VII en el trono. Solo Gran Bretaña rechazó este principio.

1.2. LAS REVOLUCIONES LIBERALES

La importancia del sentimiento nacional y las crisis económicas provocaron nuevas oleadas revolucionarias basadas en los principios del liberalismo.

Los factores revolucionarios

En la década de 1820 surgieron movimientos revolucionarios que cuestionaban el orden establecido en el Congreso de Viena. Los factores que explican este proceso fueron tres:

* La defensa del liberalismo. Esta ideología política se forjó en las revoluciones norteamericana y francesa. Se basaba en la defensa de las libertades y de la iniciativa individual; limitaba la intervención del Estado en la sociedad. Por ello, los liberales reclamaban una Constitución que restringiera los poderes del Rey y estalbeciera la elección de un parlamento.

* La afirmación de las nacionalidades. las invasiones napoleónicas despertaron los sentimientos nacionales en los países europeos. Estos sentimientos se convirtieron en un factor de unidad de las distintas clases sociales en un país. sin embargo, las grandes potencias los obviaron al mezclar artificialmente distintas naciones en un mismo Estado.

* La protesta social. Las nuevas condiciones económicas habían empeorado la vida de obreros y campesinos. Además, muchos estudiantes no veían satisfechas sus aspiraciones. Por ello, en las revoluciones participaron grades masas de población , en especial los sectores menos favorecidos: campesinos, obreros, estudiantes y profesionales.

Las oleadas revolucionarias

En 1820 hubo una primera oleada revolucionaria, que comenzó en España con una levantamiento liberal. En 1821, una sublevación nacionalista en el Imperio otomano desembocó, finalmente, en la independencia de Grecia en 1829.

La revoluciones de 1830

El ciclo revolucionario de 1830 se inició en Francia, cuando el rey Carlos X decidió revocar la Constitución de 1814 sin previa consulta. Este acto provocó una rebelión popular, apoyada por los burgueses, entre el 27 y el 29 de julio de 1830. Carlos X abdicó y fue sucedido por un nuevo rey; Luis Felipe I . Este apoyado por la burguesía liberal, estableció una monarquía jurídica, contractual y parlamentaria. En el resto de Europa, las revoluciones tuvieron un tinte nacionalista, como en los casos de Bélgica, Polonia e Italia.

Las revoluciones de 1848

El año 1848 fue el de mayor intensidad revolucionaria de todo el siglo. Una grave crisis económica había afectado a las clases populares. las cuales apoyaron los movimientos de protesta política reclamando mejoras sociales. 

La oleada revolucionaria se inició nuevamente en Francia , donde tras ser derribada la monarquía de Luis Felipe I se proclamó la segunda república. El imperio Austriaco se vio intensamente afectado, tanto en la capital, Viena, como en sus territorios italianos, húngaros, serbios y checos. Metternich renunció y se decretó la abolición de la servidumbre campesina. En Europa central, las revueltas obligaron al rey de Prusia y a otros monarcas a hacer algunas concesiones.

Sin embargo, el éxito inicial de las revoluciones se esfumó por los temores de la burguesía ante el empuje de las masas obreras y campesinas. En Francia, Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón I , proclamó el segundo Imperio y fue coronado como Napoleón III. las constituciones concedidas en muchos Estados fueron abolidas. Ninguna de las revueltas nacionalistas de Italia, Hungría o Bohemia consiguió triunfar.

El balance de las revoluciones

A pesar de su posterior declive, las revoluciones abrieron una nueva etapa política.

* La organización territorial cambió, pues  se iniciaron los procesos de unificación en Italia y Alemania.

* Se inició un lento proceso de avance de la democracia política, en el que confluyeron dos fuerzas por un lado, la progresiva ampliación del derecho de voto; y, por otro, el inicio de una organización política propia por parte de la clase, a través de las internacionales obreras y los partidos socialistas.